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SITGES 2015 día 4: Las chicas son guerreras

The Demolisher; The Final Girls; GTFO; La próxima vez apuntaré al corazón; Bone Tomahawk

■ CHEMA PAMUNDI

Sitges 2015 ha afianzado una tendencia que ya se apuntaba en los últimos años, y que genera controversia entre los acreditados: reducir de manera drástica el número de ruedas de prensa y sustituirlas por post-screenings abiertos al público. El festival siempre ha asumido las ruedas de prensa como una murga necesaria. Hay que traer directores, actores, guionistas y demás invitados para dar fuste al certamen, pero a la hora de la verdad muy pocos periodistas acuden a las ruedas de prensa o se animan a levantar el brazo para pedir tanda de pregunta (salvo que venga una superestrella como Tarantino o Viggo Mortensen, claro; entonces hay hostias para pillar sitio). Aquí todo el mundo es un poco culpable, los medios porque sencillamente deberíamos hacer nuestro trabajo como es debido (y cubrir un festival de cine no consiste únicamente en atracarse a ver películas de gratelo), y el propio festival por programar las ruedas de prensa a los mismos horarios que las pelis (yo creo que bastaría con reservar 90 minutos diarios en los que sólo hubiesen ruedas de prensa).

Ante esta problemática, los post-screenings parecerían una buena solución, pero en Sitges 2015 están funcionando de manera desigual, porque las sesiones van a toque de pito, en algunos casos acumulando retrasos de más de una hora, de modo que algunas veces el invitado de turno apenas tiene tiempo para contestar nada antes de que lo desalojen de la sala, y otras veces lo que no hay es gente que le pregunte, porque todo el mundo sale a escape hacia la siguiente sesión. Curiosamente, los que más se están beneficiando del asunto son aquellos invitados cuyas cintas se proyectan a horas intempestivas: a quienes somos capaces de quedarnos hasta las tres de la madrugada para ver una de gore hindú ya no nos viene de aquí, y solemos comernos también el post-screening (cosa que Mike Hostench, subdirector del festival y maestro de ceremonias de muchos de estos happenings, nos agradece encarecidamente cada vez que trinca el micro). Sin embargo, en líneas generales el problema sigue siendo el mismo de antes: cualquiera que, para poder escuchar hablar a un director danés desconocido, tenga que perderse el pase de la nueva peli de Eli Roth, te dirá que naranjas de la China...

 

Festival de Sitges 2015

Triste y sola se queda la sala de prensa...

 

 

THE DEMOLISHER (Gabriel Carrer. Canadá, 2015)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Mi cuarta jornada festivalera ha empezado con una apuesta a todo o nada: saltarme el pase de Love 3D de Gaspar Noe en el Auditori para irme al Retiro a ver la a priori mucho más “venusvillera” The Demolisher, cinta que según sus creadores promete renovar el cine de justicieros urbanos ochentero aunando los estallidos de violencia cafre con un tratamiento más adulto y profundo de los personajes y sus demonios internos. Pues ni de coña. The Demolisher resulta ser un tostón sobre la gestión de la ira, el sentimiento de culpa y la venganza mal enfocada (resulta que el tal Demolisher, que sale a las calles a buscar justicia enfundado en una especie de traje de antidisturbios, no es el héroe de la función sino un tipo bastante desequilibrado que no sabe discriminar bien quién merece llevarse una paliza y quien no). Pero eso no es lo peor, lo peor es que su guión está muy mal construido, con reacciones absurdas de algunos personajes, inconsistencias lógicas (el protagonista persigue a una muchacha durante casi diez minutos: ella va corriendo a todo lo que dan las piernas y él va andando, pese a lo cual le acaba dando alcance) y un final que directamente no se entiende. Tampoco es que a nadie le haya importado, tal era el alivio cuando han aparecido en pantalla los créditos finales de este espanto. Me cuentan que en el segundo pase de la película la platea empezó la proyección con entregados gritos de “¡De-mo-li-sher! ¡De-mo-li-sher!”. Hora y media después, el pobre Demolisher se había quedado sin fans en la sala…

 

Festival de Sitges 2015

"¿Soy o no soy clavadito a Mad Max?"

 

 

THE FINAL GIRLS (Todd Strauss-Schulson. E.U.A., 2015)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

El mal sabor de boca se pasa rápido gracias a una maravilla meta-cinéfila como The Final Girls, de Todd Strauss-Schulson, que tira del mismo espíritu juguetón que tenía La cabaña en el bosque para desmontar y volver a armar el subgénero de los psicópatas mata-adolescentes de modo que ya nunca podamos volver a verlo con los mismos ojos. La protagonista, hija de unascream queen ochentera famosa por películas de “campamentos sangrientos” estilo Viernes 13 y compañía, se verá mágicamente transportada junto con su grupo de amigos a uno de los largometrajes de su madre, una especie de micro-universo que se resetea cada 92 minutos. La pandilla deberá retorcer todas las reglas internas que dominan este tipo de filmes (quien folla es indefectiblemente asesinado, al final siempre queda viva una chica virgen para matar al villano, etc), a fin de lograr volver sanos y salvos al mundo real. The Final Girlsutiliza de manera brillante convenciones tales como los flashbacks, los títulos sobreimpresionados en pantalla o las cámaras lentas igual que si fueran fenómenos ambientales o elementos físicos “existentes” dentro del mundo de la película, dando lugar a unos cuantos momentos bastante originales. Si a eso le sumamos una colección de gags endiabladamente ocurrentes, un ritmo ejemplar, una galería de personajes sin desperdicio y una factura visual curradísima, la cosa está bien clara: cult-movie al canto.

 

Festival de Sitges 2015

"Ya te decía yo que meter sólo la puntita también cuenta como no virgen"

 

 

GTFO: GET THE F&#% OUT (Shannon Sun-Higginson. E.U.A., 2015)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

La mejor oferta de primera hora de la tarde es el documental GTFO: Get The F&#% Out, O sea, “Get The Fuck Off”; traducción libre: “lárgate a tomar por culo”, que denuncia el sexismo imperante en el mundo de los videojuegos, analizando por igual todos los prismas del problema: una industria cobarde, una sociedad indiferente y un núcleo de jugadores que se comportan como sectarios. Las mujeres conforman el 47% de gamers pero sólo ocupan el 10% de puestos de trabajo en empresas del ramo (y si hablamos de faenas directamente relacionadas con el diseño de los juegos o la programación informática, no llegan al 5%). El marketing de la mayoría de títulos sigue dirigiéndose a varones de entre 18 y 35 años, sin preocuparse por el público fuera de ese espectro, y las temáticas y el look dominante siguen relegando a los personajes femeninos al rol de comparsas con tetas y culo recauchutado y un vestuario en el que abundan los bikinis de mallas. De todos modos, la traca llega cuando el documental se ocupa de los casos de acoso sexista en juegos online y competiciones en vivo. Ahí ya te dan ganas de entrar en una convención lanzallamas en mano.

No soy un experto en la materia (a mí me sacas del Angry Birds y me pierdo, y el WoW me parece la cosa más aburrida jamás inventada después de la misa dominical), pero en el ámbito de los juegos de mesa sí que he visto comportamientos similares, desde comentarios misóginos en torneos de "Magic: El Encuentro" hasta trato condescendiente a las chicas por parte de algunos dependientes de tiendas especializadas (que asumen que cualquier tía que entra por la puerta necesita un poquito de “mansplaining” o anda buscando un regalo para su novio), así que el discurso de GTFO no me resulta ajeno. De hecho, es el mismo “machismo de lluvia fina” que permea casi toda nuestra sociedad. Por eso un documental de este palo resulta (tristemente) imprescindible. A la salida de la proyección, las opiniones de algún que otro espectador-primate que lo tilda de panfleto exagerado (al parecer, debería parecernos normalísimo que por ejemplo la bloguera Annita Sarkeesian reciban amenazas de muerte cada dos por tres), me confirma que en muchos aspectos seguimos en la puta edad de piedra.

 

Festival de Sitges 2015

"Lo que más me gusta del Ghost'n Goblins es dejar al caballero en calzoncillos"

 

 

LA PRÓXIMA VEZ APUNTARÉ AL CORAZÓN (Cédric Anger. Francia, 2015)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Colofoneo encadenando dos títulos que, no estando mal, desperdician potencial. El primero es La próxima vez apuntaré al corazón, la historia de un psicópata que liquida jovencitas en una zona rural de Francia a finales de los setenta, con la particularidad de que el propio asesino es al mismo tiempo uno de los gendarmes asignados al caso (o sea, que se pasa el día entorpeciendo la investigación, ocultando pruebas y malinterrogando testigos). Aparte de una ambientación muy trabajada y una interpretación ajustadísima del actor protagonista, Guillaume Canet (que aparece en pantalla en absolutamente todas las escenas), es una obra de ritmo demasiado moroso, tono demasiado gélido, un estudio psicológico que se queda en lo epidérmico y algunos golpes de guión cuya lógica es, como mínimo, discutible: que las chicas jóvenes de la zona sigan haciendo auto-stop tan panchas sabiendo que anda suelto un loco que mata exactamente ese perfil de víctimas, no es creíble; tampoco lo es que la policía distribuya un retrato robot del sospechoso que es clavadito al protagonista y nadie se dé cuenta (aún cuando a él mismo le toca ir puerta por puerta enseñándolo y preguntando “¿Ha visto usted a este hombre?”).

 

Festival de Sitges 2015

"Con un 6 y un 4, hago mi retrato"

 

 

BONE TOMAHAWK (S. Craig Zahler. E.U.A., 2015)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

El otro filme mejorable es Bone Tomahawk, una de las cintas que tenía entre mi lista de imprescindibles y que me ha producido sentimientos encontrados. Tras el ataque a la pequeña comunidad de Bright Hope por parte de una tribu de indios caníbales, que secuestran a varios lugareños para zampárselos, el sheriff (un Kurt Russell sencillamente espectacular) organiza una batida dirigida a asaltar la guarida de los salvajes y rescatar a sus conciudadanos antes de que acaben convertidos en entremés crudo. Bone Tomahawk mezcla western y terror (dos géneros que deberían encontrarse más a menudo, porque casan a la perfección) de una manera bastante orgánica, con un dibujo de personajes muy trabajado (aquí, los diálogos colaboran tanto como el espectacular casting: Kurt Russell, Matthew Fox, Patrick Wilson y Richard Jenkins) y una media hora final salvaje e intensa, que recuerda alsplatterpunk de Jack Ketchum en novelas como "Al acecho" o sobre todo "Al otro lado del río". Sin embargo, antes de llegar a esa media hora final la trama se arrastra por otros ciento diez minutos a todas luces excesivos: o en Bone Tomahawk deberían pasar muchas más cosas, o debería durar mucho menos, pero no es de recibo un metraje estilo saga épica para una historia tan sencilla. Antes de la proyección contaba su debutante director y guionista, S. Craig Zahler, que este largometraje había sido una “labour of love” que llevaba queriendo rodar toda su vida (tres años escribiendo el guión y buscando financiación); quizás debido a ello no ha sabido por dónde cortarlo para hacerlo digerible. Una lástima, porque aquí hay noventa o cien minutos de gran cine del oeste. Pero noventa o cien, no ciento cuarenta.

 

Festival de Sitges 2015

"Llevo media peli creyendo que estábamos en Tombstone 2"

 

 

 

SITGES 2015

 

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