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KONG: LA ISLA CALAVERA crítica: Apocalypse pulp

Nueva versión de King Kong trekkeando por la Isla Calavera, en vez de turisteando por Nueva York

CHEMA PAMUNDI

La serie B no es tanto una cuestión de presupuesto, como de voluntad. Es casi un estado de ánimo, y Kong: La Isla Calavera resulta un ejemplo claro de ello: una película con un coste de 185 millones de dólares y un casting de campanillas, pero que sólo se entiende (y se disfruta) como la peripecia pulp de sábado por la tarde que intenta ser. Dista mucho de alcanzar la redondez narrativa y a ratos ni siquiera mantiene un mínimo de verosimilitud, cierto, pero no pretendamos ahora que los relatos de Doc Savage o los antiguos filmes de la productora Toho eran redondos o verosímiles. Si no vas a creerte que un mono gigante use un árbol o una hélice de barco para darle la paliza de su vida a un monstruo subterráneo igual de mastodóntico que él, probablemente no se te ha perdido nada en la sala donde se proyecta Kong: La Isla Calavera.

También es verdad que la película proporciona munición de sobras para darle candela: su excusa argumental es de lo más tenue (una isla llena de bicharracos antediluvianos, que nadie había descubierto antes porque está oculta en el ojo de un huracán permanente; ya, claro...), las dinámicas entre sus personajes parecen fusiladas de otros títulos mucho mejores (los civiles encajarían sin problemas en cualquier entrega de Parque Jurásico, mientras que los soldados se comportan como clones sin carisma de los de Aliens, el regreso), y apenas ninguno de los protagonistas transmite otra cosa que indiferencia, desde la parejita de héroes Tom Hiddleston/Brie Larson, que parecen un tanto fuera de sitio, hasta los “semi-malvados” John Goodman/Samuel L. Jackson, que recitan sus frases con una llamativa desgana. Sólo John C. Reilly, curiosamente el alivio cómico de la función, parece tomarse en serio lo que está haciendo.

 

"No te preocupes si fallas el tiro, que peor que Adrien Brody no lo harás"

 

Si a todo lo dicho en el párrafo anterior le sumamos que los secundarios son simples cifras para ir engrosando el recuento de bajas, y que el punto de giro argumental depende de una tribu indígena bastante ridícula (van con lanzas y viven en tipis, pero se cascan unas obras de ingeniería ciclópea que ni el muro de Invernalia), ya tenemos un compendio de todo lo que no va a gustar a cualquier espectador que mire la obra que nos ocupa con ojos críticos; y, sin embargo, yo voy a ver este tipo de pelis ante todo para que me enseñen junglas imposibles, escenas de acción delirantes y bestias míticas tamaño rascacielos practicando pressing catch entre ellas. Tres apartados concretos en los que Kong: La Isla Calavera brilla sobradamente.

"La serie B no es tanto una cuestión de presupuesto, como de voluntad. Es casi un estado de ánimo, y Kong: La Isla Calavera resulta un ejemplo claro de ello"

De hecho, la película incluso juega algunas bazas hábiles, la principal de ellas no entretenerse en demasiadas martingalas y enseñarte cuanto antes al gorilaco en toda su gloria CGI (una novedad respecto a todas las cintas anteriores que han llevado la palabra “Kong” en el título); y no sólo eso sino que, una vez te lo ha enseñado, lo convierte en la fuerza narrativa en torno a la que pivota toda la trama. No es tanto un personaje como un concepto, una especie de “guardián del equilibrio natural” de la isla, y esa es una faceta como mínimo diferente e interesante de un monstruo al que, demasiado a menudo, nos han representado como un simple bestiajo/pagafantas enamorado de la Ann Darrow de turno.

 

"Yo no cojo en mi mano a ninguna chica que no sea Naomi Watts"

 

La ambientación setentera post-Vietnam (la acción arranca justo durante la retirada americana de dicha guerra) aporta un toque exótico adicional, que busca puntos de contacto con la era dorada del género kaiju, y aunque en realidad sea poco más que una excusa para mantener el nivel de tecnología bajo control y para mostrar helicópteros Huey molones en evidente homenaje a Apocalypse Now, funciona; y, en fin, el director Jordan Vogt-Roberts encuentra algunas soluciones visuales cojonudas a escenas que hemos visto ya mil veces, como esa emboscada en medio de una tormenta de polvo, con el grupo de protas cercado por un monstruo al que sólo ven ocasionalmente, cuando se dispara el flash de la cámara fotográfica que se ha tragado al comerse a uno de ellos. Por momentos de puro tebeo así de flipados, a Kong: La Isla Calavera tienes que quererla.

En cierto modo da la sensación de que, si los guionistas no se han preocupado en dibujar unos mejores personajes humanos, es porque sabían que los fans pagamos la entrada para ver a Kong, no al chico y la chica tirándose la caña. Esto es tan cierto a día de hoy como lo era, por ejemplo, en aquella versión muda de El mundo perdido que dirigió Harry O. Hoyt en 1925, una obra igual de chorra y descerebrada que esta, pero con la que solemos mostrarnos mucho más amables porque, ya se sabe, la etiqueta de “clásico” lo arregla todo. Kong: La Isla Calavera, es cualquier cosa menos sutil, como ese rugido que se escucha en la escena post-créditos y que prefigura un “King Kong vs. Godzilla” más pronto que tarde. Pero es desde luego un lugar al que pienso volver las veces que haga falta, porque sé que me lo voy a pasar bomba. Vamos, que antes se le acabarán a la isla las especies distintas de monstruos, que a mí las ganas de verlos.

 

INFORME VENUSVILLE

Venusentencia: Copas de yate

INF VNV 4

Recomendada por Kuato a: cualquiera que quiera ver una versión con FX de última generación y sonido Surround de las peleas entre monstruos de plástico a las que jugaba de crío.

No recomendada por Kuato a: quien sea incapaz de plantearse lo divertido que sería ser un mono de 30 metros y poder derribar helicópteros a bofetadas.

Ego-Tour de luxe por: los diseños de la fauna que puebla la isla son en general excelentes, huyendo del tópico dinosaurio y transmitiendo la sensación de que se trata de un ecosistema monstruoso único, casi alienígena.

Atmósfera turbínea por: cierto empacho de referencias pop en una escena detrás de otra, incluyendo pedanterías como llamar a un personaje Marlow y a otro Conrad (respectivamente el protagonista y el autor de "El corazón de las tinieblas").

 

KONG: LA ISLA CALAVERA. Estreno en Venusville: 10/03/2017

 

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