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LA CABAÑA crítica: Venga a nosotros tu cabaña

Si tienen preguntas acerca de Dios no busquen las respuestas en la fe cristiana sino en La cabaña

ANNA BOU

Siempre me han apasionado las iglesias románicas con sus frescos a todo color -ancestros de los tebeos, los cómics-, aleccionando a todo fiel medieval analfabeto que asomase la cabeza dentro del sagrado recinto. Escenas como viñetas que mostraban que el hombre pecador, a base de fe, llegaría a Jesús, a Dios mirándonos desde las alturas, más poderoso que un héroe de Marvel. Ahora que están de moda las franquicias, ¿para cuándo un enfrentamiento Batman contra Yahvé, o Ironman contra Jesúsman?. A ver si hay huevos. Si creen que este arranque de crítica es bizarro, vamos bien, queridos venusvilleros, eso significa que están avisados para seguir leyendo.

La cabaña es una película dirigida por el británico Stuart Hazeldine (da igual, no hace falta que memoricen su nombre), en la que se nos narran las desgracias de un alma deprimida que tiene las facciones corporales de Sam Worthington (da igual, ya se saben su nombre, pero no hace falta que lo recuerden más allá de Avatar), dando vida a un padre al que secuestran su hija, drama que rematará su ya deshilachada existencia, llevándole a una crisis espiritual, hasta que recibe una misteriosa carta firmada por "Papá" que le cita en la cabaña donde pasó el desgraciado suceso causa de su depresión...

 

La cabaña

"Listos para rodar la secuela de El sicario de Dios cuando quieran"

 

Les voy a confesar un secreto: lo triste me pone. La tristeza me gusta, pero sólo cuando es auténtica, melancólica, cuando tiene puños, no cuando es boba como es la del caso que nos ocupa. Ya lo anticipan las primeras escenas que muestran la desdichada infancia de Sam Worthington, efectistas y busca-lágrimas con esos violines sonando de fondo como una panda de ángeles en celo en unas secuencias más propias de un telefilme de domingo tarde que de una película con cara y ojos. Aburridísimo y sentimentaloide principio de película que parece mejorar en los minutos siguientes cuando hay el giro argumental en el que aparecen los elementos fantásticos que podrían salvarnos del tedio. Pero no.

"Las escenas fantásticas de La cabaña actúan como 'milagros' en un mundo paradisíaco que se asemeja a un decorado floral para una fiesta infantil"

No voy a desvelar qué encuentra Sam Worthington en esa "primaveral" cabaña, porque es la única gracia que tiene la película, si es que tiene alguna. Tan sólo les anticipo que aparecen tres personajes: una mujer negra, una asiática y un israelí con facciones árabes. Sí, sé que parece el inicio de un chiste de esos en los que se encuentran tres personajes de nacionalidades distintas, pero no lo es, ya me gustaría, porque lo peor es que La cabaña se toma en serio. Las escenas fantásticas actúan más como "milagros" en un mundo paradisíaco que se asemeja a un decorado floral para una fiesta infantil con olor a bizcocho recién hecho. Este trío la-la-la es tan rematadamente simplón que el presunto mensaje bonachón adquiere un perfume kitsch que tira para atrás.

 

La cabaña

"¿Sabes el de una negra, una asiática y un isralí, que timan al público en la taquilla"

 

Y no contentos con mezclar en esta thermomix moralista personajes tan dispares (que más que solidificar el mensaje, lo disipan) aparece por allá "Sabiduría" (éramos pocos y parió la abuela) vestida con túnica griega esperando a Sam Worthington dentro de una cueva para entablar un diálogo que dejaría en estado de shock al mismísimo Sócrates. Porque La cabaña está plagada de diálogos ampulosos que pretenden ser profundos (esa charla edulcoradísima con el espíritu del padre), diálogos que chirrían por la poca naturalidad (esa conversación padre-hija sobre si Dios es bueno o malo) y escenas explicativas (ese zoom a los clavos de Cristo de la vidriera de la iglesia) para que el mensaje nos llegue bien claro, y bien claro que nos llega, de hecho nos empalan con él, cual víctimas de Vlad Tepes.

A nivel cinematográfico, esta película que parece producida por "Opus Production", si tal productora existiese, es francamente ridícula, superficial, kitsch, infantil. En su intención por ser profunda no puede ser más vacua. Si La cabaña fuese un queso Gruyere se quedaría en los agujeros. A nivel temático, con Dios hemos topado, aunque mucho me temo que si el Papa (el de Roma), que parece un ser inteligente y con sentido del humor, viese La cabaña sentado cómodamente en su chaise longue del Vaticano, se quedaría dormido de sopor antes de la llegada del milagro final.

 

INFORME VENUSVILLE

Venusentencia: Condenada a alforfones

INF VNV 1

Recomendada por Kuato a: los matrimonios del Opus y a sus veinte hijos.

No recomendada por Kuato a: los que quieran ver una película y no un panfleto coloreado.

Ego-Tour de luxe por: querer darle una vuelta de tuerca al misterio de la religión cristiana.

Atmósfera turbínea por: querer darle una vuelta de tuerca al misterio de la religión cristiana de una forma tan sumamente ridícula.

 

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