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LA IGNORANCIA DE LA SANGRE entrevista a Manuel Gómez Pereira: De ignorancia, nada

"Hay muchas referencias, en la parte de cine negro está Los intocables de Eliot Ness"

RAY ZETA

CINES RENOIR FLORIDABLANCA, BARCELONA, 10.11.14. A Manuel Gómez Pereira le conocemos sobre todo por sus comedias. Comedias que en la década de los 90 revolucionaron, nunca mejor dicho, la comedia española. Salsa rosa, ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?, Todos los hombres sois iguales, Boca a boca, El amor perjudica seriamente la salud… En ese tiempo cada comedia suya se convertía automáticamente en un éxito y por eso su nombre llegó a compararse con los grandes maestros el género como Ernst Lubitch, Frank Capra o Billy Wilder. Por eso hay que reconocerle el mérito que tiene que se haya pasado al thriller. Lo tanteó tímidamente en Entre las piernas y El juego del ahorcado, y lo ataca ahora de lleno con una obra de cine negro puro como es La ignorancia de la sangre, cuarta novela del inspector Javier Falcón creado por Robert Wilson. Para ser buen director de comedias hay que ser buen director de cine, así que es un gustazo oírle hablar como un maestro que comparte su sabiduría con sus alumnos.

-Háblame de la adaptación del guión. Existen cuatro novelas sobre el personaje del inspector Javier Falcón escritas por Robert Wilson, pero os habéis basado sólo en la última.

-Sí, realmente la adaptación ha sido de la última novela. Hay evidentemente un poso muy bueno para el trabajo de los actores que son las novelas anteriores, de hecho Juan (Diego Botto) y Paz (Vega) se leyeron las tres de antes para empaparse del personaje, aunque en la historia de esta última novela y la adaptación que hemos hecho del guión, a pesar de ese poso que nos ha servido mucho a nosotros, tampoco podíamos dar demasiada información y contar demasiadas cosas de los personajes, ya que la intención era que funcionase por ella misma. No hemos querido remitirnos al pasado para contar muchas escenas porque una estructura de flash back hubiera relantizado la historia.

La novela es tan compleja que hubiéramos podido hacer dos películas o casi tres de todas las tramas que suceden y todas las relaciones que existen entre los grupos enfrentados: la mafia, la Yihad, la venganza, el blanqueo de dinero, las drogas, el tráfico de niños incluso... Hay elementos que en la novela están muchísimo más desarrollados, pero son tantas tramas y elementos, que había que enfocar el producto ciñéndose y dando una información determinada confiando que el espectador no se distancie, incluso que sienta ese desconcierto que sienten los personajes.

 

 

-¿Qué te atrajo entonces de la cuarta novela para elegirla?

-El personaje de Javier Falcón en esta cuarta historia está el límite, tanto él como ella. Ese planteamiento de encontrar un personaje al límite que en un momento dado tiene que decidir, dar un salto hacia adelante y cruzar la barrera de lo que debería hacer un policía, entre comillas clásico, o traspasar esa barrera y utilizar todo lo que está en su mano para ayudar a esa mujer. Es el momento de las cuatro novelas donde el personaje se plantea esta situación, y eso le da al personaje una gran humanidad que le convierte en un ser humano, no en el policía clásico. Eso sumado a la sensación de peligro que provoca todo este entramado de mafias, yihadismo, y los otros elementos. Falcón también es más sofisticado porque al mismo tiempo que es comisario jefe de Sevilla, tiene una relación con el CNI de investigación del entorno de la Yihad.

-¿Habéis realizado alguna documentación de campo para investigar la Yihad y la mafia rusa, los dos temas que salen en la película?

-Bueno, no nos hemos metido en un grupo mafioso porque es bastante peligroso infiltrarse y tal (risas), pero sí que toda esa información la tiene muy clara Robert Wilson. Se nota que se ha documentado muchísimo, y todo lo que cuenta tanto en esta novela como en las otras tres es muy verosímil, estamos hablando de una realidad social que incluso el espectador la puede sentir muy cercana, no ha habido necesidad de infiltrarnos. Cualquier suceso que puede pasar en cualquier momento de la semana o del mes, te puede perfectamente decir cómo funciona esta gente. Hay tanta información ahora mismo que no te hace falta estar, está tan cerca de tu vida constantemente que no hace falta si quiera ni imaginártela, mira si no lo que está pasando con estos periodistas que están secuestrando y que con una cámara les cortan el cuello...

-¿Y alguna copita en algún puticlub? Por interés profesional, naturalmente...

-Sí... (risas), en algún momento hemos ido, pero porque teníamos que localizar, para que luego todo el equipo y el director de fotografía tuviéramos una referencia. También para buscar un tipo de club determinado, que nos funcionara para la puesta en escena, y claro, para ver un poco cómo funcionan este tipo de clubs, por eso, evidentemente claro, no queda más remedio que tomarte una copa y ver el ambiente real (risas).

-La ignorancia de la sangre es una película que encaja en el género del cine negro más clásico. ¿Cuáles han sido tus referentes?

-Siempre se te quedan en la memoria imágenes y películas que te marcan de alguna manera. Evidentemente no copias, en ese sentido se te quedan esos tiempos narrativos, ese tratamiento, esa puesta en escena... Hay muchas referencias, en la parte de cine negro y aventura está por ejemplo Los intocables de Brian De Palma, cómo se explica la historia sin que sea excesiva y sin crear fuegos de artificio; Vértigo de Hitchcock, que juega con esa parte perversa… hasta Extraños en un tren; películas de David Fincher como Zodiac, hay algo estupendo en eso por crear esa tensión y ese miedo sin ver a ese serial killer que va cargándose a gente en la historia, me parece un trabajo fantástico... Siempre tienes cosas en la memoria que te pueden no influir pero sí inspirar en un momento determinado.

 

 

-¿Y la elección de Juan Diego Botto como protagonista? ¿Fue decisión tuya?

-Sí, lo tuve claro, cuando pensé en buscar al personaje de Javier Falcón, la primera opción siempre fue Juan (Diego Botto). Le pasamos el guión a Juan y él se leyó también las tres novelas anteriores, lo que le sirvió mucho pero que a cualquier otro actor a lo mejor podría haberle sido negativo porque es tener demasiadas referencias en la cabeza. Eso describe cómo trabaja Juan y cómo es él como actor y como persona. Tiene una profesionalidad fantástica, es serio, es muy trabajado, es muy riguroso, muy creativo también, y eso ayuda mucho.

-Javier Falcón es un personaje con muchos giros argumentales, ¿no? Empieza como el típico poli de comisaría, pasa a ser casi un espía, y acaba como un agente secreto con licencia doble cero…

-Claro, y a eso tenemos que sumarle cómo es Javier Falcón, hasta qué punto es el policía digamos típico y tópico, ese poli que estamos acostumbrados a ver en las películas americanas que parece que no tiene miedo… Javier Falcón sí lo tiene; este otro tipo de policía que digo parece que no es sensible… Javier Falcón es muy sensible. En vez de trabajar simplemente como inspector jefe en una comisaria, él está involucrado desde el principio en una investigación con el CNI, representado en el personaje que hace Francesc Garrido, y los lazos que tiene de amistad con el personaje de Alberto San Juan desde hace años. Esos datos, esas tramas paralelas, esa dedicación que tiene el personaje, van creciendo a medida que avanza la historia.

-¿Has querido hacer una película más de personajes que un thriller puro, entonces?

-La intención por lo menos es buscar el equilibrio, aunque sea de una manera alambicada porque la historia es compleja. La historia se ensambla, hay una parte emocional y por otra parte hay que darle ese punto de clásico del género.

-¿Y a Paz Vega cómo la pillaste? Últimamente en España no trabaja nada, hace un par de años Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar y gracias.

-La conseguimos directamente. Se lo planteamos, le pasamos el guión a su representante, ella se leyó el guión y empezamos a hablar por teléfono y ya encontramos la agenda y el plan para empezar a trabajar, pero el contacto con ella fue directo a través de su representante. Yo estoy muy a gusto también con Paz, con el trabajo y esa mezcla de misterio, también había que recordar un poco esa parte que tiene el género de la clásica mujer fatal entre comillas, porque utiliza todos los elementos como mujer para conseguir todo lo que quiere, que en este caso no es ni dinero ni algo material, sino rescatar a su hijo. Ahí sí hay un apunte de lo que podría llamarse una mujer fatal, pero como madre, madre coraje.

 

 

-¿Y cómo fue rodar las escenas porno que salen en la peli como cámara oculta?

-Se iban preparando con una segunda unidad, yo marcaba las situaciones y luego chequeaba algunas tomas, en ese momento estábamos rodando el interior de lo que es la casa de Falcón, así que teníamos otro set para ir rodando estas escenas de cámara oculta, pero sí, evidentemente las supervisaba yo (risas). Lo que pasa es que en esos momentos es como cuando se plantean escenas eróticas en el cine, tienes que reproducir algo que además son cosas que has podido ver innumerables veces en cualquier página porno. Hay todo tipo de referencias escénicas… y “téticas” (risas).

-Sobre todo “téticas”. ¿Qué escena te resultó la más difícil de rodar, entonces?

-Toda la secuencia del secuestro y el tiroteo, que fue muy complejo y además fue en la primera semana de rodaje. Buscar esa localización además, y hacer todo desde el interrogatorio, que les meten en esa especie de jaula y les llevan todo el recorrido del coche hasta que llegan a esta especie de fábrica abandonada, y llegar al final de la situación… eso fue muy complejo. Noche, muchos elementos, efectos especiales… Fue bastante complejo.

-En poco tiempo habremos tenido El niño, La isla mínima y La ignorancia de la sangre, pelis similares las tres por género. ¿Cómo crees que puede afectarle esto a la película?

-Casualidades... Bueno, tampoco te lo planteas… Yo conozco a Alberto (Iglesias) y a Daniel (Monzón), y son proyectos que probablemente casi han empezado como el nuestro, pero curiosamente las películas salen luego casi al mismo tiempo. Luego el resultado con el público, ya veremos, también está en función de cómo promocionas. Igual que en un momento determinado puede haber muchas comedias, puede suceder que ocurra con historias de este tipo. Eso refleja que ya se ha perdido el pudor y ya puedes contar una historia de género que pueda ser creíble y que el espectador la vaya a ver. Y que no compare, que no diga: “No, yo prefiero ver el thriller americano…”. Aquí se pueden contar historias locales con esas claves del género perfectamente, donde el espectador se puede ubicar sin inventarte un mundo fantástico inexistente.

-Y la última: ¿cómo preparasteis las escenas de Alberto San Juan en árabe? ¿Tenía nociones o se aprendió las frases fonéticamente?

-Fonéticamente. No sabía nada, así que con un coach, fue un trabajo muy complejo, sobre todo porque hay muchos tipos de árabe. El árabe que se habla en Marruecos por ejemplo y dependiendo de qué nivel social, es un árabe distinto, entonces encontrar ese punto para que también sea creíble también era complicado (risas).

Lástima que para esto no existan referencias “téticas”…

 

 

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Manuel Gómez Pereira no ignora al Diario de Venusville

 

LA IGNORANCIA DE LA SANGRE. Estreno en Venusville: 14/11/2014

 

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