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LA CURA DEL BIENESTAR crítica: Be water, my friend

Balneario a medio camino entre el de Battle Creek y Shutter Island en La cura del bienestar

ROBERT THORNHILL

En unos tiempos donde no hay película de terror sin sus zombies de turno o sin ver esos torrentes sanguíneos para satisfacción de ese público al que se ha malacostumbrado a lo visualmente impactante, es de agradecer que aparezcan propuestas como La cura del bienestar donde el terror se va cociendo a fuego lento sin recurrir a golpes de sonido, seres enmascarados o apariciones de espectros con mala leche. Gore Verbinski vuelve al género del terror después de aquel correcto remake americano de The Ring (la señal), esta vez concibiendo un thriller fino y elaborado donde el malrrollismo se va mascando poco a poco, escena a escena, huyendo de la corriente actual del género buscando referentes en tótems del terror gótico.

Un pipiolo ejecutivo (con cara de Rick Astley) es enviado a un antiguo castillo (un guiño a ese Keanu Reeves en Drácula) convertido en balneario para gente pudiente para intentar llevarse a un paciente que ha encontrado la paz espiritual en ese hospital situado en la idílica falda de los Alpes suizos. Lejos de ser una amable versión de El balneario de Battle Creek, todo lo que rodea a este siniestro edificio nos huele a sospechoso: esas frígidas enfermeras con cara de malfolladas, esos enfermeros hablando alemán que parecen antiguos miembros de la SS, o esos extraños escondrijos subterráneos, son materia prima suficiente para que uno ya se huela que ahí se cuece algo raro.

 

La cura del bienestar: thriller

"No te preocupes, es normal que creas estar en plena peli de Shutter Island"

 

Dane DeHaan (un clon delgadito de LeonardoDi Caprio) interpreta al sobrao Sr. Lockhart, un trepas que al igual que hicieran el mismo DiCaprio y Mark Ruffalo en Shutter Island irá descubriendo los oscuros secretos que encierra ese peculiar campo de concentración donde todos los vejetes viven tan felices como si estuvieran en un ChiquiPark. Tres son los elementos que configuran el triángulo del mal en La cura del bienestar: un antiguo e imponente castillo en lo alto de la montaña como en Psicosis o Drácula, decorado en su interior como si fuera un manicomio lleno de intrigantes pasillos y puertas misteriosas; un personal con ademanes nazis que dan un aire de cuartel militar al “asilo” de ancianos ricachones; y por último, como elemento fundamental en la trama, esa presencia omnipresente del agua durante toda la película convirtiéndose en un mcguffin maligno.

"Las referencias acuáticas son constantes y Verbinski se esmera en dejarnos claro que es clave para resolver los enigmas de La cura del bienestar"

Las referencias acuáticas son constantes y Verbinski se esmera en dejarnos claro que es clave para resolver los enigmas de La cura del bienestar, e incluso vemos a los personajes degustar agua con ese ansía con el que veíamos beber a los alienígenas en The faculty. A parte de esa siniestra presencia del agua como hilo conductor de la trama, Verbinski adorna la película con elementos perturbadores que van añadiendo un aire de oscuridad y misterio a todo el conjunto, elementos que por otra parte no son importantes para la resolución de la trama pero que ayudan a crear ese clima de incomodidad que caracteriza el conjunto. Esas figuritas con esa musiquilla tan plomiza que, por sí solas, ya auguran tragedias; esos cuerpos comatosos en cadena en recipientes llenos de agua como si hubieran salido de Coma, Matrix o Minority Report, que parecen una cosecha humana de La invasión de los ladrones de cuerpos, o ese intento moralizante de mostrarnos lo insalubre que es la cruel vida moderna que hace que estemos todos enfermos (¡sic!).

 

La cura del bienestar: thriller

"Mientras no me den las lavativas del balneario de Battle Creek todo irá bien"

 

Acompañando a ese repulsivo personaje interpretado por Dehaan, tenemos a una enigmática niñita en edad pre-adolescente interpretada por Mia Goth (vista en Nymphomaniac. Volumen 2, The Survivalist, y dentro de poco en el esperado remake de Suspiria) viviendo durante la película su tránsito de niña a mujer de la mano de su interesado protegido Jason Isaacs, el robótico jefe del hospital cuya extremada perfección escama entre el público avezado.

Una lástima que en el tramo final de La cura del bienestar se vuelve a hacer giro hacia el cine de antaño, con un claro guiño al mítico Frankenstein e incluso al Fantasma de la Opera, resultando un final muy gótico y entrando en cierta manera en contradicción con la calma y el tono pausado con el que se había desarrollado la película. Un final que no desmerece un conjunto muy sólido, donde Verbisnki sabe jugar con el espectador manejando los tiempos con maestría.

 

INFORME VENUSVILLE

Venusentencia: Copas de yate

INF VNV 4

Recomendada por Kuato a: el que quiera ver una versión del Conde Drácula con vejetes en lugar de concubinas.

No recomendada por Kuato a: aquellos que suelan irse a balnearios a Andorra o vayan a hacerse Baños Arabes para relajarse. Empezarán a desconfiar de todo el mundo.

Ego-Tour de luxe por: esa señora con pintas de Margaret Thatcher lanzando la lapidaria pregunta de “¿ha sentido un miembro de 30 cm. por detrás? “ Ni Tarantino supera eso.

Atmósfera turbínea por: esa horripilante escena en que vemos taladrarle un diente al protagonista sin anestesia ni nada. Da dolor verla.

 

LA CURA DEL BIENESTAR. Estreno en Venusville: 24/03/2017

 

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