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EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO crítica: Steak tartar de corazón

Terror psicológico del sorprendente Yorgos Lanthimos en El sacrificio de un ciervo sagrado

ANNA BOU

Me gustaría abrir esta crítica con la misma violencia con que se abre El sacrificio de un ciervo sagrado: una operación a corazón abierto, en primer plano. Potente imagen que no es más que un potente aviso de lo que está por venir. Así pues, queridos venusvilleros, pónganse la mascarilla y la bata, que esto va a salpicar.

Yorgos Lanthimos, el griego que siendo bebé debió de mamar directamente de la teta de la diosa Tragedia, se ha consolidado como un director imprescindible, uno de esos Rockys detrás de las cámaras que se dedican a noquear al cerebro. Ya lo demostró con el terror cotidiano de Canino, o esa loquísima psicodelia anti-romántica futurista que fue Langosta. Y ahora vuelve a hacer de las suyas con la rematadamente interesante y asfixiante El sacrificio de un ciervo sagrado, en la cual un reputado cirujano tiene una extraña relación con un adolescente. Y ya está. Es mejor no contar nada más y ver la película virgen de sinopsis.

 

El sacrificio de un ciervo sagrado

"Ojito con pasarte, que ya sabes cómo las gasto desde La seducción"

 

Tan solo así se podrá disfrutar al máximo de ella y dejarse sorprender lentamente, como pretende Lanthimos, amasándonos los nervios con unas imágenes en las que diríase que no pasa nada excepcional, pero que están cargadas hasta los topes de tensión. Con un estilo sobrio, seco, casi de papel de lija, planos generales encuadradísimos y estudiados, una pizca Kubrick, una pizca Haneke, Lanthimos nos va metiendo en medio, cual voyers, de esa relación Colin Farrel-Barry Keoghan, no sabiendo si el extraño chico es un chaperín, un hijo bastardo, o un chiflado con dotes sobrenaturales.

Cuánta violencia subliminal nada complaciente nos transmite cada una de las imágenes... Como ese plano picado de una simple habitación con un ventilador de techo funcionando, y nada más, pero intuimos que alguna cosa grave va a pasar. O cuando suena el pitido de una cafetera, metálico, chirriante, que más parece el chillido de un cerdo dirigiéndose al matadero que una cafetera matutina. O cuando la Kidman entrega su cuerpo de la forma más fría y poco sensual posible en el ring de un dormitorio, distante y muerta como un filete en el mostrador de una carnicería. Film sórdido a más no poder, una sordidez absolutamente catárquica.

"¿Saben ese ruido de una uña rasgando una pizarra, que pone de los nervios? Pues El sacrificio de un ciervo sagrado es esa uña"

¿Saben ese ruido de una uña rasgando una pizarra, que pone de los nervios? Pues El sacrificio de un ciervo sagrado es esa uña, y después de una media hora de película es cuando se empiezan a ver las luces que traerán más sombras, gracias en parte al elemento sobrenatural que propicia el conflicto. Pero no nos confundamos, Lanthimos lanthimiza el factor sobrenatural, se lo lleva a su terreno, es decir que todo queda en el ámbito de lo abstracto, en el terreno mental, o te lo crees o no te lo crees, como cuando los antiguos realizaban sacrificios para frenar una desgracia que atribuían a un mal día de los dioses.

Y es justamente este conflicto sobrenatural el que le sirve a Lanthimos para lanzar todos sus cuchillos a esa tradición llamada "familia", aplastándola cual cucaracha que se ha colado debajo del fregadero de la cocina. Con diálogos secos en los que las palabras amables están descatalogadas, con preguntas perturbadoras que campan por la película a pierna suelta. Mención especial tiene la escena del clímax, absolutamente cínica y despiadada sin complejos. En El sacrificio de un ciervo sagrado las cosas políticamente correctas se van por el desagüe del retrete, y esto es de mucho agradecer, señoras y señores.

 

El sacrificio de un ciervo sagrado

"Para Animales fantásticos 2 habla con Johnny Depp, que él hace mi papel ahora"

 

Todo esto aliñado con una música muy, pero que muy bien puesta (sonidos agonizantes, la mayoría de las veces) y unas actuaciones en estado de gracia. Colin Farrell, que se ha convertido, por derecho propio (ya protagonizó Langosta), en el muso de Yorgos Lanthimos. O la ya anunciada imagen de una impagable Nicole Kidman secamente espatarrada en la cama, cual virgen ofrecida en el altar de un dios con problemas de erección. Y Barry Keoghan, que lo clava como chico perturbador (y perturbado), con un físico entre hooligan e incomprendido, que provoca que el espectador no sepa exactamente qué sentir por él.

El sacrificio de un ciervo sagrado es una película especialísima con elevadas dosis de crueldad familiar que siempre van bien antes del empacho que nos depararán las Navidades. Yorgos Lanthimos es un director que, o gusta mucho o no gusta nada, pero no se le puede negar su fuerza, originalidad y descaro. Le trae al pairo si sus películas venden o no, él rueda, noquea hasta hacer florecer el instinto más animal (no es casual que todos sus títulos hagan referencias a animales), más básico de los seres humanos y se va tan tranquilo, sonriendo mientras enseña sus dientes en los que se ha quedado enganchado un trozo de diástole.

 

INFORME VENUSVILLE

Venusentencia: Venus Hall of Fame

INF VNV 5

Recomendada por Kuato a: los que entienden que un elemento sobrenatural no exige efectos especiales.

No recomendada por Kuato a: los padres que tratan a sus hijos como algodones de azúcar. Ver a Colin Farrell delante de su hijo pequeño arrastrándose por el suelo no tiene desperdicio, pero pondrá los pelos de punta a más de uno.

Ego-Tour de luxe por: la desfachatez de un director que se atreve a hacer exactamente lo que le sale de las pelotas.

Atmósfera turbínea por: el sentimiento que le queda a uno en el cuerpo después de ver la película. Intenten responder, desde su más sincero inconsciente, a la pregunta que se plantea. Inténtenlo sin volverse locos.

 

EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO. "The Killing of a Sacred Deer" (2017). Director: Yorgos Lanthimos. Guión: Yorgos Lanthimos y Efthymis Filipou. Reparto: Colin Farrell, Nicole Kidman, Alicia Silverstone, Raffey Cassidy, Bill Camp, Barry Keoghan y Anita Farmer Bergman. Estreno en Venusville: 01/12/2017.

 

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